Baby P

baby-p3Creo que en alguna ocasión les he comentado algo sobre la existencia de esos fantasmas que, uno se va echando a la mochila a lo largo de la vida. Fantasmas que en ocasiones, por cabriolas del destino, se sientan sigilosamente a tu lado para decirte de nuevo “hola que tal”. Los hay que vienen con la intención de provocar una sonrisa, nostálgica, ante la memoria de una experiencia pasada. Y los hay que se presentan con el objetivo de hurgar en la herida del remordimiento, la rabia o la amargura, dejándote bien jodido durante un tiempo.

Baby P es uno de esos fantasmas. Lleva acompañándome silenciosamente 6 largos días, y no pueden ni hacerse la más remota idea de lo que siento cada vez que cierro los ojos, cada vez que miro su fotografía -que es la que les muestro-. Tengo su imagen y su historia tan dentro, que he decidido utilizar esta página como desahogo.

Les adelanto que lo que les voy a contar no es agradable.

Baby P tenía 17 meses y murió en agosto del año pasado. Durante los últimos ocho meses vivió un auténtico calvario de manos de su madre, el compañero sentimental de esta, y un amigo. Lo torturaron sistemáticamente, usándolo literalmente como un “saco de boxeo”. Todo ello ante la pasividad policial, judicial, vecinal, familiar y de los servicios sanitarios y sociales, que llegaron a visitar hasta en 60 ocasiones al pequeño y a los que nunca les parecieron suficientes las pruebas.

Durante sus últimos ocho meses de vida, el pequeño acudió al hospital en varias ocasiones con moratones, traumatismos, mordeduras, quemaduras. Según se desveló en el proceso, el novio de la madre le hacía cortes en los dedos con un cuchillo y le arrancaba uñas con un alicate. Murió con más de cincuenta secuelas de las palizas a las que era sometido, entre ellas ocho costillas rotas, una oreja rajada y el cuerpo paralizado por una fractura en su columna vertebral. En su agonía fue dejado en su cuna hasta que murió de un fatal puñetazo en la cara que incluso le arrancó un diente, que posteriormente fue encontrado en su garganta. Allí se lo encontraron, en su cuna, con el cuerpo y la cara destrozados, bañado en un charco de sangre. Un inocente niño rubio de ojos azules de 17 mesecitos de vida.

Pobrecito, de verdad. Que rabia y que asco tan profundo siento ahora mismo.

Jamás en esos 17 meses de triste vida sintió la dulce caricia de una madre. La increíble sensación de dormirse en sus brazos, entre el calor de su cuello, con la completa tranquilidad de que con ella nada malo puede pasarle, porque el vínculo sagrado que une a una madre y su hijo le protegerá siempre. La risa verdadera y contagiosa que delata la felicidad de un niño. Descubrir el mundo bajo los ojos sabios y experimentados de sus padres. La paciencia infinita con sus travesuras. La complicidad que se crea a través del juego. Los besos y la ternura cuando se va a dormir y cuando se despierta.

Para un bebé, toda la belleza de la vida radica en el amor de sus padres y eso es lo que le arrebataron a Baby P. Es precisamente esto lo que un Estado debe velar y proteger, estableciendo las medidas de seguridad necesarias, y ejecutándolas con firmeza. Lo contrario es demagogia. Nos estamos creando un mundo de gominola, donde todo es chupi y corazón, corazón. Vivimos en una burbuja donde ante lo feo, lo que distorsiona este mundo de Bambi, nos ponemos una venda y nos convencemos a nosotros mismos a negar la verdad, que es lo que en realidad le pasó a las 60 personas de servicios sociales que visitaron al pequeño, “tiene que tratarse de un error” –pensarían-, “no puede ser tan horrible”. Y es que ahí fuera hay borreguitos, pero también lobos con muy mala sangre y muy hijos de puta, que están deseando hacer daño si les permites un palmo de terreno.

Lo que evita que un día alguien, decida coger la escopeta, cargarla bien de plomo y ajustar cuentas, es la confianza en que existen garantías suficientes para que esto no vuelva a ocurrir.

Lamentablemente sigue y seguirá ocurriendo.

Baby P, donde sea que estés…descansa en paz.

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~ por flifliparamoscas en noviembre 22, 2008.

2 comentarios to “Baby P”

  1. Si, es de esas historias que no solo te golpean fuerte en la conciencia sino que además te revuelven el estómago. No solo es asqueroso sino el comportamiento más cobarde que puede tener un ser humano. Golpear y maltratar a alguien tan débil e indefenso. A veces pienso como la vida es tan injusta que da hijos a personas que no saben cuidar ni siquiera de un animal de compañía y sin embargo hay muchos que sufren porque tienen tanto que dar y el destino no les permnite cumplir el sueño de ser padres.

  2. Jooo….muy fuerte!! 😦

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