Cosas de niños

El otro día, mientras leía el periódico, me topé con una breve noticia. De esas que se intercalan en las páginas de sucesos y que uno suele pasar de largo sin detenerse y prestar demasiada atención, salvo que, como en mi caso, el titular sea tan impactante que despierte de repente la curiosidad por el hecho en cuestión. “Tres niños belgas saquean 143 tumbas”, era el titular, y la noticia se la escribo aquí textualmente que son cuatro líneas…por favor, no pierdan detalle:

Dos niños y una niña belgas de siete y ocho años saquearon el sábado 143 tumbas en el cementerio de Essene, en Brabante (Flandes, a 20 kilómetros al noroeste de Bruselas), lo que ha provocado numerosas denuncias, según fuentes judiciales. Debido a su corta edad, la fiscalía no puede tomar ninguna medida contra los niños, que explicaron que “se aburrían”.Los servicios sociales del tribunal de jóvenes de Bruselas han abierto una investigación para saber si los menores tienen dificultades en su entorno familiar.

Cabroncetes las criaturas, ¿No les parece?

Pero, no se dejen impresionar por la barbarie. Hay cosas mucho más interesantes en esta noticia. Si les atrae jugar a sagaces detectives claro.

Veamos; la Real Academia de la Lengua define “saquear” de la siguiente forma:

Saquear.

1. tr. Dicho de los soldados: Apoderarse violentamente de lo que hallan en un lugar.
2. tr. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla
3. tr. Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio
.

Parece extraerse del texto por lo tanto, que los angelitos se llevaron cuanto había en las 143 tumbas o buena parte de ello.
Teniendo en cuenta que el peso estándar de una pala de obra es de tres kilos y medio y las tumbas suelen tener una profundidad de dos metros, pues aplicando una sencilla regla matemática me salen…vamos a ver si…tengo una calculadora a mano…¡¡286 metros!!

Cuidado con estos, que los dos bambinos y la nena se han cavado en una noche 286 metros con siete y ocho años. Yo no se si aquí también hay ojeadores de esto y tal, pero desde esta humilde página recomiendo a cualquier alcalde que pretenda meterse entre pecho y espalda un soterramiento de la M-30 o tener un Metro de primera, que no les pierda de vista, porque con estos tres se ahorran una tuneladora en cuanto cumplan los dieciocho.

En fin, que bromas a parte, quiero imaginar que el periodista confundiría “saquear” con “profanar” y que las criaturitas, en realidad, se dedicarían a destrozar lápidas o a hacer pintadas en las mismas. Lo cual no le quita miga al asunto, ya que estamos hablando de un número considerable de tumbas, que imagino, además, que tendría lugar a unas horas en las cuales no habría nadie en el campo santo, es decir, que sucedería con nocturnidad y alevosía, y porque el suceso lo llevaron a cabo, por aburrimiento, niños de siete y ocho años.

Y claro, cuando uno lee estas cosas, no puede evitar establecer comparaciones con lo que era mi infancia cuando tenía la misma edad que los precoces gamberretes. Y que quieren que les diga, que a mí, por ejemplo, los cementerios me siguen dando repelus hasta de mayorcito, y procuro estar lo mas lejos posible no sea que me cojan cariño, así que háganse una idea con 7 años. Que con esa edad estaba en la cama en cuanto salía “Casimiro”, es decir, a las ocho y media, y que este que escribe no se aburría con esos años jamás, lo que me faltaban eran horas al día para seguir jugando. Y que conste, que aburrirse es el escenario idóneo para que se active el mecanismo de la imaginación y surja la creatividad…si yo les contase cuantas cosas han surgido de un aburrimiento.

Pero el problema aquí es otro. Por regla general, hoy en día a los niños se les “cría” –o mal cría, según se mire- pero no se les “educa”. Es decir, se les viste, se les lava, se les da de comer, se les peina, se les corta las uñas y pare usted de contar. Porque de “educar” ya se encargan los marcianitos de los videojuegos, los dibujos mangas japoneses para retrasados mentales, las tetas sin paraíso -o como coño se llame el invento- y las revistas donde desde la mas tierna infancia se les enseña a ellas a ser lumis de primera y a ellos matones de barrio con pantalones cagados y gorra de béisbol –como que aquí se juega al béisbol de toda la vida, no te jode-. Pero nadie enseña modales, ni respeto, ni a coger un libro o un tebeo de Mortadelo, Asterix o Tintín.

Y si me molesta es porque estas tiernas criaturitas “criadas” pero no “educadas”, tarde o temprano se convierten en hombrecitos y mujercitas, y los heredamos toda la sociedad, ustedes y yo.

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~ por flifliparamoscas en septiembre 20, 2008.

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