Fotos antiguas

Me gustan las fotografías antiguas. Tengo unos cuantos libros con archivos fotográficos de distinta temática que abarcan desde 1837 hasta la posguerra. De vez en cuando me sumerjo en ellos, entre sus páginas e imágenes, como avezado aventurero en busca de misteriosas claves, que me permitan descifrar y conocer más al ser humano que soy, con sus limitadas virtudes y sus muchísimos defectos.

Realmente disfruto deteniéndome a analizar los rostros, los gestos, las miradas de esas personas que en apariencia parecen distintos y lejanos, pero que antes que nosotros pisaron las calles que hoy pisamos, compartieron los mismos temores que hoy nos inquietan, amaron como amamos, rieron y lloraron por las mismas razones que lo hacemos nosotros, y finalmente murieron, como un día nosotros también moriremos.
En algún momento, una cámara fotográfica se cruzó en su camino congelando para siempre una instantánea de sus vidas. Y se presentan hoy, ante nosotros, para contar sus historias a quien quiera y sepa escucharlas. Historias de lo que fuimos, historias de lo que somos.

La fotografía que les muestro arriba, pertenece a una exposición permanente que se encuentra en una de las salas del Hogar de Mayores de la población extremeña de Fregenal de la Sierra; donde hace unos años tuvieron la inteligente idea de recuperar parte de su memoria histórica, con toda la sencillez del mundo, y sin ningún tipo de connotación política o partidista. Es una auténtica delicia perderse allí una tarde, sumergiéndose sin prisas en el pasado de una tierra, y de un pueblo en particular, que compartió grandeza y miseria a partes iguales.

Les muestro esta imagen porque es una de mis favoritas. Sin duda las hay mejores, pero cada vez que miro esta en concreto me provoca un no sé qué en el cuerpo. Para entenderlo hay que situarse en una época en la cual, la existencia de cámaras fotográficas no era algo de uso generalizado como ahora, donde hasta un niño de diez años lleva una integrada en el teléfono móvil, y donde uno tiene la posibilidad de observar al instante el resultado y si no le gusta, disparar de nuevo. En otra época, la posibilidad de inmortalizar tu imagen en papel fotográfico era más bien limitada. Por lo cual, cuando esa ocasión se presentaba, la persona fotografiada sabedora de la importancia que revestía el momento, ponía toda su intención en transmitir la impronta de lo que fue. De ahí proviene la fuerza que desprenden esas imágenes.

Y ahora miren la fotografía y fíjense en los guardias civiles y el cura al servicio del que preside la foto, que imagino será el Marqués o Conde de tal cosa; y en toda la corte de correveidiles detrás suyo, dispuestos a lamerle el culo al señorito con tal de salir lo mejor centrado posible en la foto y no perder su favor. Es la imagen de los que se saben poderosos y lo explotan, porque ni nada ni nadie hubo que les parase los pies.

Uno no imagina al guardia civil de la izquierda o del centro ayudando a nadie. Mas bien se lo imagina esperando en un cruce de caminos a un pobre desgraciado que acaba de robar un melón -porque después de estar cuidando guarros toda su puñetera vida no tiene comida suficiente que llevarle a sus doce hijos- para pegarle una paliza y dejarle medio muerto en la cuneta y de paso quedarse también el melón, que si se deja allí se pocha y eso está feo. Son los mismos que llamaban a las puertas de las casas por la noche para llevarse a fulanito o menganito al cuartelillo. Los mismos que perseguían por los campos a mi abuelo y a otros tantos que como él, se buscaban la vida haciendo contrabando o estraperlo con Portugal, escondiéndose por el día y andando a oscuras por la noche para de esa forma no ser vistos. Y tantos otros ejemplos que no cuento para no amargar al personal.

Tampoco imagina uno a ese cura al servicio de nadie que no sea alguno de los que aparece en la foto. La Iglesia siempre ha sabido muy bien al lado de quien estar para mantener su estatus. Tampoco se lo imagina salvando almas; se lo imagina más bien controlándolas. Aprovechando la ignorancia de unas gentes que en virtud de la misma buscan fe y amparo en quien en el fondo, sólo pretende tenerles bien agarrados por los huevos.
Porque, ¿Saben lo que les digo?, que los pecadillos de los poderosos siempre son poca cosa y se curan la mayoría de las veces con un dame aquí y ponme allá y un Ave María o un Padre Nuestro. Pero, los pecados de los que no tienen ni donde caerse muertos….esos pecados amigo mío, tienen difícil cura.

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~ por flifliparamoscas en agosto 30, 2008.

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