Esto de las religiones

•abril 25, 2009 • 1 comentario
jerusalen1Voy a reconocerles que me cuesta una barbaridad entender esto de las religiones. No quiero con ello ofender a nadie –que como siempre lo conseguiré-, sencillamente me sorprende que algo, a mi juicio, tan banal, movilice al noventa por ciento de la humanidad actual mas toda la que se ha quedado atrás.
No seré tan necio de despreciar algo sobre lo que antropólogos, teólogos, filósofos, discuten desde hace tiempo. De hecho, conozco más o menos las teorías que intentan explicar el origen de la religión del hombre, a saber:
.La teoría subjetiva, que defiende que el carácter religioso existe por debajo de nuestra conciencia consciente. El ser humano tiene la necesidad psicológica de un ser trascendente que explique nuestra existencia. Para entendernos, es algo que está en nuestra psique.
.La teoría evolucionista, vendría a defender que la religión es el resultado evolucionista de la cultura humana. A lo largo de la misma hemos pasado por distintas fases, una primera sensación innata de que existe una determinada fuerza espiritual, que posteriormente evoluciona al animismo, y de ahí al politeísmo y en una última fase al monoteísmo.
.Y por último la teoría del monoteísmo original, que es la que mas encaja con lo que revela la biblia en el Génesis, es decir, que Dios creó al hombre y que este vivió conforme a sus leyes. Hasta que en ese primer acto de desobediencia por parte de Adán, la humanidad se fue alejando de Dios a través de una senda pecaminosa, etc., etc. Es decir, que desde el principio Dios se revela a sí mismo al hombre y por lo tanto la primera forma que asume la religión es el monoteísmo.
Hasta ahí todo correcto. Es indudable que ya desde la prehistoria existen determinadas manifestaciones que evidencia una preocupación por el mas allá, el sentido de la existencia, etc.
Me refiero más bien al encorsetamiento al que deliberadamente se somete el ser humano en lo que a creencias se refiere, –independientemente de la religión que procese-. Así como el fervor con el que se defiende la propia sobre las demás. Siempre he pensado en todos esos pobres homo sapiens, esas gentes de Mesopotamia, esos Egipcios, esos Fenicios, esos Griegos, esos Persas y tantos otros, que en el fin de sus días y llegado el momento de entregarse con los brazos abiertos a los dioses particulares que acompañaron sus vidas, debieron darse un susto de “muerte” cuando en vez de encontrarse con, por ejemplo, la diosa Astarté, se les presento un señor de barba blanca u otro con turbante a darles la bienvenida, “hola hijo mío que tal”. Explícales que ha habido una confusión, que todo eso en lo que creían, que la pasta gastada en sacrificios y rituales varios ha sido una pérdida de tiempo y recursos. Vamos que han nacido a destiempo y que un poquito de paciencia por favor, que ahora le cuentan de qué va el tema.
Tampoco hace falta remontarse tanto, ese ejemplo podemos trasladarlo a nuestros días. Me imagino la cara del pobre Juan Pablo II, que en paz descanse, elevándose a los cielos y encontrándose con Alá y su profeta Mahoma. Pueden aplicar ejemplos si quieren en todas direcciones para no herir sensibilidades.
Tampoco sé todavía ni ha explicado nadie –y mirá que empecé a preguntarlo en la guardería– donde van los pobres animalitos cuando mueren, si es que van a algún sitio claro. Imagino que dependerá. Si mi perro es cristiano como yo, se va al cielo de perritos y lo recibe San Bernardo, pero si el muy cabrón era fan del islam se quema en el infierno por hereje.
Y es que a veces creo que pese a los esfuerzos de Copérnico, hay muchas personas que todavía siguen intentado devolver a la Tierra y al ser humano al lugar del que nunca debió ser desplazado: el centro del Universo.
Seguro que a estas alturas alguien ya estará pensando, “este tío es tonto del culo, no debe saber que el dios es el mismo pero que hay distintas formas de explicarlo y de sentir la fe. Que de hecho el Islam reconoce a Jesucristo como uno de los profetas de Dios pero no como el último ni mucho menos como su hijo en la tierra”. Y yo digo, ¿No ven el sinsentido?
Sé que hay personas que necesitan encorsetar su vida y aferrarse a dogmas porque le aportan una seguridad y explicación a su existencia, es legítimo y humano. Pero cuando razonas un poco hay tantas y tantas lagunas, que a mí me cuesta la verdad.

Baby P

•noviembre 22, 2008 • 2 comentarios
baby-p3Creo que en alguna ocasión les he comentado algo sobre la existencia de esos fantasmas que, uno se va echando a la mochila a lo largo de la vida. Fantasmas que en ocasiones, por cabriolas del destino, se sientan sigilosamente a tu lado para decirte de nuevo “hola que tal”. Los hay que vienen con la intención de provocar una sonrisa, nostálgica, ante la memoria de una experiencia pasada. Y los hay que se presentan con el objetivo de hurgar en la herida del remordimiento, la rabia o la amargura, dejándote bien jodido durante un tiempo.

Baby P es uno de esos fantasmas. Lleva acompañándome silenciosamente 6 largos días, y no pueden ni hacerse la más remota idea de lo que siento cada vez que cierro los ojos, cada vez que miro su fotografía -que es la que les muestro-. Tengo su imagen y su historia tan dentro, que he decidido utilizar esta página como desahogo.

Les adelanto que lo que les voy a contar no es agradable.

Baby P tenía 17 meses y murió en agosto del año pasado. Durante los últimos ocho meses vivió un auténtico calvario de manos de su madre, el compañero sentimental de esta, y un amigo. Lo torturaron sistemáticamente, usándolo literalmente como un “saco de boxeo”. Todo ello ante la pasividad policial, judicial, vecinal, familiar y de los servicios sanitarios y sociales, que llegaron a visitar hasta en 60 ocasiones al pequeño y a los que nunca les parecieron suficientes las pruebas.

Durante sus últimos ocho meses de vida, el pequeño acudió al hospital en varias ocasiones con moratones, traumatismos, mordeduras, quemaduras. Según se desveló en el proceso, el novio de la madre le hacía cortes en los dedos con un cuchillo y le arrancaba uñas con un alicate. Murió con más de cincuenta secuelas de las palizas a las que era sometido, entre ellas ocho costillas rotas, una oreja rajada y el cuerpo paralizado por una fractura en su columna vertebral. En su agonía fue dejado en su cuna hasta que murió de un fatal puñetazo en la cara que incluso le arrancó un diente, que posteriormente fue encontrado en su garganta. Allí se lo encontraron, en su cuna, con el cuerpo y la cara destrozados, bañado en un charco de sangre. Un inocente niño rubio de ojos azules de 17 mesecitos de vida.

Pobrecito, de verdad. Que rabia y que asco tan profundo siento ahora mismo.

Jamás en esos 17 meses de triste vida sintió la dulce caricia de una madre. La increíble sensación de dormirse en sus brazos, entre el calor de su cuello, con la completa tranquilidad de que con ella nada malo puede pasarle, porque el vínculo sagrado que une a una madre y su hijo le protegerá siempre. La risa verdadera y contagiosa que delata la felicidad de un niño. Descubrir el mundo bajo los ojos sabios y experimentados de sus padres. La paciencia infinita con sus travesuras. La complicidad que se crea a través del juego. Los besos y la ternura cuando se va a dormir y cuando se despierta.

Para un bebé, toda la belleza de la vida radica en el amor de sus padres y eso es lo que le arrebataron a Baby P. Es precisamente esto lo que un Estado debe velar y proteger, estableciendo las medidas de seguridad necesarias, y ejecutándolas con firmeza. Lo contrario es demagogia. Nos estamos creando un mundo de gominola, donde todo es chupi y corazón, corazón. Vivimos en una burbuja donde ante lo feo, lo que distorsiona este mundo de Bambi, nos ponemos una venda y nos convencemos a nosotros mismos a negar la verdad, que es lo que en realidad le pasó a las 60 personas de servicios sociales que visitaron al pequeño, “tiene que tratarse de un error” –pensarían-, “no puede ser tan horrible”. Y es que ahí fuera hay borreguitos, pero también lobos con muy mala sangre y muy hijos de puta, que están deseando hacer daño si les permites un palmo de terreno.

Lo que evita que un día alguien, decida coger la escopeta, cargarla bien de plomo y ajustar cuentas, es la confianza en que existen garantías suficientes para que esto no vuelva a ocurrir.

Lamentablemente sigue y seguirá ocurriendo.

Baby P, donde sea que estés…descansa en paz.

Pan y circo

•noviembre 8, 2008 • 1 comentario

feria-de-farsantesQue poco me gustan los políticos.

No voy a aburrirles con teorías que justifiquen tan interesante reflexión, porque al final todo deriva en que –como creo haber dicho alguna vez- el que escribe, siempre ha entendido esa labor como una estricta “representación popular”, ni más ni menos. Ante la imposibilidad manifiesta de que aproximadamente 46 millones de españoles caines, analfabetos, arrogantes, insolidarios y maleducados –entre los cuales me incluyo-, nos encerremos a debatir, como demonios organizamos este viejo país sin matarnos los unos a los otros, decidimos elegir mediante voto a un nutrido grupo de valientes muchachotes con estudios, buena educación e ingeniosas ideas para que nos representen y aporten soluciones.
El problema de los políticos, es que en la mayoría de las ocasiones, la presunta representación termina escondiendo una perfecta coartada para la consecución de intereses propios. Y mientras tanto se utiliza el viejo recurso romano de “pan y circo” para mantener contento y distraído al populacho, que aplaude entusiasta tan magno espectáculo. Claro que intenta explicarle a mis primos que es eso del Imperio Romano y del pan y circo y te dirán que les gustó mucho “Gladiator”.

Pensaba en esto el otro día, mientras recordaba la mala pasada que le jugaron los micrófonos, la víspera del desfile de las Fuerza Armadas, al presidente del Partido Popular Don Mariano Rajoy, cuando a modo de confidencia personal le indicaba al señor Arenas: “Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin un plan apasionante”.

Créanme que en contra de lo que pudiese parecer, no critico la frase. De hecho comparto totalmente la afirmación. Cuando alguna vez he puesto la televisión no suelo aguantar más de una hora y casi siempre me reservo para la Legión, por los que siento absoluta devoción tras escuchar a uno de sus miembros explicar lo siguiente: “Cuando un legionario que está en un apuro grita: ¡A mi la Legión!, se va, aunque el compañero no tenga razón en la discusión”. Eso es lealtad y tener los cojones bien puestos, así que son los únicos que me inspiran confianza.

La verdad es que a mí esa demostración de poderío militar me parece una pantomima en un país, donde gobierno tras gobierno, se ha dedicado a desmantelar nuestras Fuerzas Armadas con sucesivos recortes presupuestarios hasta convertirlo en un ejército de chichinabo. Dios nos coja confesados si algún día se les ocurre a los hijos de Alá instalarse en la Alhambra en vez de en la isla Perejil.

Pero como les decía, no critico esas declaraciones. Se puede ser un representante político, respetar el trabajo de las Fuerzas Armadas y aun así parecerte un coñazo pasarte un domingo en un acto oficial de cuatro horas, pudiendo estar en tu casa, en chandal y con tus hijos, por ejemplo. De la misma forma que a mí siempre me ha parecido un bodrio monumental asistir a la jura de bandera de algún familiar y hasta la cabalgata de los Reyes Magos y eso no significa que no lo respete.
Lo que critico es el mensaje del año pasado, donde se da la circunstancia de que el señor Rajoy pedía, con motivo de esta festividad, que los ciudadanos “manifestasen con franqueza” su orgullo de ser españoles y “hagan algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón”. Y ese justificar lo injustificable: “Al parecer, una expresión coloquial propia de una conversación de ámbito privado ha transcendido de ese ámbito privado al público”.

Y es que uno echa de menos a personas valientes de verdad. Capaces de asumir responsabilidades y errores si se producen y afrontarlos sin esconderse. Me hubiese gustado en su momento ver a un ex presidente González, por ejemplo, ante aquella famosa pregunta de: ¿Organizo usted el GAL, Sr. González?, responder “Si, fui yo, me equivoqué, pero hice lo que hubiese hecho cualquier persona en una situación en la que cada dos días le robaban la vida y el futuro a uno de los nuestros. Hice lo que han hecho la mayoría de los Estados que han sufrido esa lacra del terrorismo. Y nuestro pecado fue, que ya que tome esa decisión, encima lo hicimos mal. Cuatro sinvergüenzas se dedicaron a meter la mano en la caja para enriquecerse y encima nos equivocamos de personas a la hora de hacer contraterrorismo, con lo cual demostramos ser unos profesionales cojonudos”.

O al también ex presidente Aznar, antes de abandonar el castellano por el dialecto de Texas. En esa ridícula foto de Las Azores, en la que pensaba que el salir en una misma instantánea con dos presidentes de superpotencias mundiales, convertiría automáticamente al país que representas en una de ellas. Así, por tu cara bonita machote. Por cierto, ahora se ha convertido en un descreído del cambio climático, aunque antes era una creyente de las armas de destrucción masiva.

Por eso suelo decir que por lo que a mi respecta, en lo que a políticos se refiere, les pueden ir dando por donde amargan los pepinos. Porque por desgracia, o por suerte, yo si sé lo que significa “pan y circo”.

Cosas de niños

•septiembre 20, 2008 • Dejar un comentario

El otro día, mientras leía el periódico, me topé con una breve noticia. De esas que se intercalan en las páginas de sucesos y que uno suele pasar de largo sin detenerse y prestar demasiada atención, salvo que, como en mi caso, el titular sea tan impactante que despierte de repente la curiosidad por el hecho en cuestión. “Tres niños belgas saquean 143 tumbas”, era el titular, y la noticia se la escribo aquí textualmente que son cuatro líneas…por favor, no pierdan detalle:

Dos niños y una niña belgas de siete y ocho años saquearon el sábado 143 tumbas en el cementerio de Essene, en Brabante (Flandes, a 20 kilómetros al noroeste de Bruselas), lo que ha provocado numerosas denuncias, según fuentes judiciales. Debido a su corta edad, la fiscalía no puede tomar ninguna medida contra los niños, que explicaron que “se aburrían”.Los servicios sociales del tribunal de jóvenes de Bruselas han abierto una investigación para saber si los menores tienen dificultades en su entorno familiar.

Cabroncetes las criaturas, ¿No les parece?

Pero, no se dejen impresionar por la barbarie. Hay cosas mucho más interesantes en esta noticia. Si les atrae jugar a sagaces detectives claro.

Veamos; la Real Academia de la Lengua define “saquear” de la siguiente forma:

Saquear.

1. tr. Dicho de los soldados: Apoderarse violentamente de lo que hallan en un lugar.
2. tr. Entrar en una plaza o lugar robando cuanto se halla
3. tr. Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún sitio
.

Parece extraerse del texto por lo tanto, que los angelitos se llevaron cuanto había en las 143 tumbas o buena parte de ello.
Teniendo en cuenta que el peso estándar de una pala de obra es de tres kilos y medio y las tumbas suelen tener una profundidad de dos metros, pues aplicando una sencilla regla matemática me salen…vamos a ver si…tengo una calculadora a mano…¡¡286 metros!!

Cuidado con estos, que los dos bambinos y la nena se han cavado en una noche 286 metros con siete y ocho años. Yo no se si aquí también hay ojeadores de esto y tal, pero desde esta humilde página recomiendo a cualquier alcalde que pretenda meterse entre pecho y espalda un soterramiento de la M-30 o tener un Metro de primera, que no les pierda de vista, porque con estos tres se ahorran una tuneladora en cuanto cumplan los dieciocho.

En fin, que bromas a parte, quiero imaginar que el periodista confundiría “saquear” con “profanar” y que las criaturitas, en realidad, se dedicarían a destrozar lápidas o a hacer pintadas en las mismas. Lo cual no le quita miga al asunto, ya que estamos hablando de un número considerable de tumbas, que imagino, además, que tendría lugar a unas horas en las cuales no habría nadie en el campo santo, es decir, que sucedería con nocturnidad y alevosía, y porque el suceso lo llevaron a cabo, por aburrimiento, niños de siete y ocho años.

Y claro, cuando uno lee estas cosas, no puede evitar establecer comparaciones con lo que era mi infancia cuando tenía la misma edad que los precoces gamberretes. Y que quieren que les diga, que a mí, por ejemplo, los cementerios me siguen dando repelus hasta de mayorcito, y procuro estar lo mas lejos posible no sea que me cojan cariño, así que háganse una idea con 7 años. Que con esa edad estaba en la cama en cuanto salía “Casimiro”, es decir, a las ocho y media, y que este que escribe no se aburría con esos años jamás, lo que me faltaban eran horas al día para seguir jugando. Y que conste, que aburrirse es el escenario idóneo para que se active el mecanismo de la imaginación y surja la creatividad…si yo les contase cuantas cosas han surgido de un aburrimiento.

Pero el problema aquí es otro. Por regla general, hoy en día a los niños se les “cría” –o mal cría, según se mire- pero no se les “educa”. Es decir, se les viste, se les lava, se les da de comer, se les peina, se les corta las uñas y pare usted de contar. Porque de “educar” ya se encargan los marcianitos de los videojuegos, los dibujos mangas japoneses para retrasados mentales, las tetas sin paraíso -o como coño se llame el invento- y las revistas donde desde la mas tierna infancia se les enseña a ellas a ser lumis de primera y a ellos matones de barrio con pantalones cagados y gorra de béisbol –como que aquí se juega al béisbol de toda la vida, no te jode-. Pero nadie enseña modales, ni respeto, ni a coger un libro o un tebeo de Mortadelo, Asterix o Tintín.

Y si me molesta es porque estas tiernas criaturitas “criadas” pero no “educadas”, tarde o temprano se convierten en hombrecitos y mujercitas, y los heredamos toda la sociedad, ustedes y yo.

La impronta

•septiembre 15, 2008 • 1 comentario

Cuando le conocí rondaba los cincuenta y daba clase en la Facultad de Historia. Impresionaba su figura. Era alto y de complexión fuerte. La barba y el pelo, un día rubios, teñían canos por el paso de los años. Su mirada, de un azul intenso, transmitía serenidad e inteligencia. Su voz era tranquila y grave y se movía por el aula con la seguridad del cazador que algún día fue.

Yo era uno más de los, aproximadamente, doscientos alumnos que acudían a su clase. La gente se amontonaba a la entrada del aula en busca del codiciado asiento, y los últimos en llegar se conformaban con quedarse de pie entre los pasillos, a la espera de tener mejor suerte la próxima vez.

Jamás me perdí una de sus clases –y eso que era más asiduo a la cafetería que a las aulas-, y nunca vi un pupitre vacío.
La espera siempre era tensa, la gente bromeaba y departía ruidosamente sobre distintos temas; pero cuando se abría la puerta de inmediato el silencio se tornaba sepulcral. Siempre entraba serio, cabizbajo, sumido en lo profundo de sus pensamientos. Subía al estrado, se apoyaba despacio en su mesa mirando siempre al suelo, y tras unos segundos, que a mi me parecían eternos, levantaba despacio su mirada y nos saludaba con un “buenos días” acompañando la frase con una leve inclinación de cabeza.

A partir de ese momento comenzaba hora y media de viaje por las entrañas de lo que fuimos. Nos llevaba al pasado y nos traía de nuevo de su mano para que reflexionáramos en el presente. Nosotros le seguíamos hipnotizados. Nadie cogía apuntes, si acaso alguna nota sobre bibliografía. No era necesario, sólo escuchábamos y aprendíamos a pensar. Nos hacía entender que la Historia con mayúsculas, es la clave de lo que somos. Y no es que los hechos se repitan, sino que esos hechos los origina la naturaleza humana, y es esa misma naturaleza la que se manifiesta siempre de la misma manera, porque está en nuestros genes, en nuestras raíces mas profundas y en nuestra concepción como seres humanos; la envidia, la codicia, el poder y todo ello unido a la incultura, a la ignorancia que nos lleva al extremismo. Unas veces nos hacía reír, y otras provocaba que nos removiésemos incómodos en nuestros asientos. Y puedo asegurarles que nunca aprendí tanto como en aquella clase. Dejó una huella imborrable en mi memoria y en el sentir colectivo de los que asistíamos a su asignatura. Huella que iba mas allá de la materia impartida y entraba en el terreno del “deber ser”, de pasar por la vida dejando una impronta de convicciones, en valores como el compromiso, la honestidad, la entrega, ser una persona de bien. Acompañado de la cultura y el conocimiento como herramienta de defensa ante la intolerancia, el abuso y la manipulación.

No recuerdo el nombre de uno sólo de los otros profesores. Los he olvidado a todos. No aprendí nada de ellos que no viniese en los libros. No despertaron en mi ni una emoción, ni un interés nuevo por algo que no tuviese ya antes. Y por supuesto sus clases estaban vacías. A veces vacías hasta del mismo profesor que las impartía. Por regla general esto es lo normal. Personas carentes de ilusión en lo que hacen, sea lo que sea. Incapaces de transmitir nada a los demás porque nada tienen. Personas que no tienen motivaciones por prácticamente nada. Que pasan por la vida como amebas, con un guión marcado, y que se levantan y acuestan con un mismo discurso aprendido. Ignorantes del preciado don que significa estar vivo y lo prontito que se acaba.

Afirmaba Giordano Bruno, que lo peor no es morir por haber defendido un ideal, sino no haber tenido ninguno por el que mereciese la pena entregar la vida.

Hay otras muchas personas que, como mi profesor, dejaron su huella en otros campos, y no sólo en lo profesional. Y aunque sus nombres se pierdan en el olvido, la impronta que dejaron en las personas que les acompañaron, facilitará que pueda seguirse transmitiendo a futuras generaciones.

Hoy se que tuve la enorme fortuna de cruzarme con una de esas personas. Desde aquí mi más honesto cariño, agradecimiento y admiración a su figura. Gracias profesor.

A mí que me apadrinen

•septiembre 6, 2008 • 1 comentario
No es mi propósito, estar hablando de Extremadura todas las semanas en esta columna. Provincia que como a estas alturas ya habrán podido imaginar, es cuna de mis raíces familiares por los siglos de los siglos amén, y tierra a la que además me une devoción y amargura a partes iguales. Pero, de verdad, que hay semanas que a uno le dan esta columna medio hecha y no tiene más remedio que sentarse y darle a la tecla con todo el regusto del mundo.

Imagino que ya estarán al corriente de la noticia que les voy a contar porque sucedió a principios de agosto, pero por si acaso yo les hago un pequeño resumen para que no pierdan detalle.

Resulta, que el que fuese número uno de la coalición ICV-EUiA por la provincia de Tarragona en las últimas elecciones generales, y actualmente concejal del Ayuntamiento de Torredambra, Don Lluís Suñé Morales, escribe un blog como este –pero de más fuste y con más visitas-, donde el muchacho, que se define independentista y se siente catalán hasta la medula espinal y mas allá, disgustado por el actual sistema de financiación autonómica, y cansado de “las voces anticatalanas” que promulgan a los cuatro vientos que los catalanes son unos insolidarios a pesar de que “aportamos, y mucho, a la riqueza del conjunto del Estado”; no se le ocurre otra cosa, con el sano propósito de “limpiar” tan horrible imagen, que lanzar una supuesta campaña de apadrinamiento internacional con una foto –que arriba les adjunto- donde aparecen, dos niños medio desnudos, con la cara llena de chorretes, y con el siguiente lema: “SOS. Extremadura needs you”, “apadrina a un niño extremeño por 1.000 euros al mes”. Con dos cojones.

Mira que hay provincias con las que meterse, y aquí mi amigo el almogávar no se le ocurre otra cosa que tocarle los huevos a mis primos. Creo que este pobrecillo no ha leído el artículo que les conté hace un par de semanas sobre el alcalde, y no sabe todavía como se las gastan por ahí abajo. Y es que eso es lo que tienen los analfabetos, que suelen despreciar aquello que ignoran.

Por lo de pronto, van a emprender acciones legales contra el concejal, además de solicitar a la Generalitat que se pronuncie al respecto. Trasladarán la fotografía a la fiscalía al aparecer el nombre de Extremadura, su bandera oficial, el logotipo del Gobierno de España y también el de UNICEF sin permiso. Además, la Ejecutiva Regional del PSOE de Extremadura, ha tildado de “pornografía infantil” la imagen de los niños –como se pasan estos también -. Y el de la feliz ocurrencia ha recibido todo tipo de amenazas e insultos por teléfono en forma de despertador matutino, para que no llegue tarde al trabajo. Por todo lo cual y tras la repulsa de su propio partido no ha tenido más remedio que enmendársela, retirar el articulito y pedir disculpas en su página, asegurando que su “intención no era herir los sentimientos del pueblo extremeño”. A buenas horas mangas verdes.

Por lo que a mi respecta, no les negaré que mi primer impulso fue mentarle a su madre. Pero mi buena amiga Pilar –fiel lectora de esta página- me insiste en que soy “un radical, un bruto y un partidista” y que me voy a quemar en el infierno por hereje y no se cuantas cosas más, sobre todo porque no comulga con lo expuesto en mi anterior artículo. Así que siguiendo sus sabios consejos he decidido aplicar templanza, reflexión y mano izquierda. Y oye, que sorpresa la mía. Que ha sido mano de santo, que he visto la luz y que ni voy a acordarme de sus muertos ni voy a mentarle a la madre. Todo lo contrario, he decidido a partir de ahora sumarme a la propuesta del figura.

Porque que quieren que les diga, mis paisanos, con tantos niños semidesnudos que criar, con los pelos alborotados y colgados de los árboles, pues no han tenido tiempo de analizar fríamente la noticia como yo. Y es que, bien pensado, eso de que alguien apadrine a mi hija y me de 1.000 euros al mes, pues a mi me parece bien. Por ese importe yo le nombro padrino de su boda si es preciso. De hecho voy a proponer que lleve esto hasta sus últimas consecuencias y apadrine adultos también. A mi, sin ir mas lejos, me puede ir ingresando religiosamente el importe establecido mensualmente, porque si no me equivoco, esto de apadrinar consiste en que a mi me dan los dineros y yo le voy enviando fotos para que las ponga en su casa y presuma de solidario, y además le cuento las cosas que se están haciendo gracias a su aportación. Pues sin problema, que cuenten conmigo que yo le mando fotos típicas extremeñas de indígena de boina abrazado a un cochino, otra tumbado debajo de una encina filosofando sobre la bellotita y sus propiedades y también le cuento el buen uso que le doy a su dinero comprándome un jamón o tomando raciones de secreto y guarrito frito, que por cierto, está igualito de bueno que los calzots esos que come el fulano este.

En fin, que como dice mi cuñado Joselito: “De Despeñaperros para arriba….Alemania”.

Fotos antiguas

•agosto 30, 2008 • Dejar un comentario

Me gustan las fotografías antiguas. Tengo unos cuantos libros con archivos fotográficos de distinta temática que abarcan desde 1837 hasta la posguerra. De vez en cuando me sumerjo en ellos, entre sus páginas e imágenes, como avezado aventurero en busca de misteriosas claves, que me permitan descifrar y conocer más al ser humano que soy, con sus limitadas virtudes y sus muchísimos defectos.

Realmente disfruto deteniéndome a analizar los rostros, los gestos, las miradas de esas personas que en apariencia parecen distintos y lejanos, pero que antes que nosotros pisaron las calles que hoy pisamos, compartieron los mismos temores que hoy nos inquietan, amaron como amamos, rieron y lloraron por las mismas razones que lo hacemos nosotros, y finalmente murieron, como un día nosotros también moriremos.
En algún momento, una cámara fotográfica se cruzó en su camino congelando para siempre una instantánea de sus vidas. Y se presentan hoy, ante nosotros, para contar sus historias a quien quiera y sepa escucharlas. Historias de lo que fuimos, historias de lo que somos.

La fotografía que les muestro arriba, pertenece a una exposición permanente que se encuentra en una de las salas del Hogar de Mayores de la población extremeña de Fregenal de la Sierra; donde hace unos años tuvieron la inteligente idea de recuperar parte de su memoria histórica, con toda la sencillez del mundo, y sin ningún tipo de connotación política o partidista. Es una auténtica delicia perderse allí una tarde, sumergiéndose sin prisas en el pasado de una tierra, y de un pueblo en particular, que compartió grandeza y miseria a partes iguales.

Les muestro esta imagen porque es una de mis favoritas. Sin duda las hay mejores, pero cada vez que miro esta en concreto me provoca un no sé qué en el cuerpo. Para entenderlo hay que situarse en una época en la cual, la existencia de cámaras fotográficas no era algo de uso generalizado como ahora, donde hasta un niño de diez años lleva una integrada en el teléfono móvil, y donde uno tiene la posibilidad de observar al instante el resultado y si no le gusta, disparar de nuevo. En otra época, la posibilidad de inmortalizar tu imagen en papel fotográfico era más bien limitada. Por lo cual, cuando esa ocasión se presentaba, la persona fotografiada sabedora de la importancia que revestía el momento, ponía toda su intención en transmitir la impronta de lo que fue. De ahí proviene la fuerza que desprenden esas imágenes.

Y ahora miren la fotografía y fíjense en los guardias civiles y el cura al servicio del que preside la foto, que imagino será el Marqués o Conde de tal cosa; y en toda la corte de correveidiles detrás suyo, dispuestos a lamerle el culo al señorito con tal de salir lo mejor centrado posible en la foto y no perder su favor. Es la imagen de los que se saben poderosos y lo explotan, porque ni nada ni nadie hubo que les parase los pies.

Uno no imagina al guardia civil de la izquierda o del centro ayudando a nadie. Mas bien se lo imagina esperando en un cruce de caminos a un pobre desgraciado que acaba de robar un melón -porque después de estar cuidando guarros toda su puñetera vida no tiene comida suficiente que llevarle a sus doce hijos- para pegarle una paliza y dejarle medio muerto en la cuneta y de paso quedarse también el melón, que si se deja allí se pocha y eso está feo. Son los mismos que llamaban a las puertas de las casas por la noche para llevarse a fulanito o menganito al cuartelillo. Los mismos que perseguían por los campos a mi abuelo y a otros tantos que como él, se buscaban la vida haciendo contrabando o estraperlo con Portugal, escondiéndose por el día y andando a oscuras por la noche para de esa forma no ser vistos. Y tantos otros ejemplos que no cuento para no amargar al personal.

Tampoco imagina uno a ese cura al servicio de nadie que no sea alguno de los que aparece en la foto. La Iglesia siempre ha sabido muy bien al lado de quien estar para mantener su estatus. Tampoco se lo imagina salvando almas; se lo imagina más bien controlándolas. Aprovechando la ignorancia de unas gentes que en virtud de la misma buscan fe y amparo en quien en el fondo, sólo pretende tenerles bien agarrados por los huevos.
Porque, ¿Saben lo que les digo?, que los pecadillos de los poderosos siempre son poca cosa y se curan la mayoría de las veces con un dame aquí y ponme allá y un Ave María o un Padre Nuestro. Pero, los pecados de los que no tienen ni donde caerse muertos….esos pecados amigo mío, tienen difícil cura.